La guerra entre Estados Unidos e Irán ha entrado en uno de sus momentos más delicados.
Durante las últimas horas, el Mando Central estadounidense (CENTCOM) anunció una nueva oleada de bombardeos contra aproximadamente 140 objetivos militares iraníes, convirtiéndose en la mayor ofensiva estadounidense de esta nueva escalada.
No se trata de ataques aislados.
Los objetivos elegidos muestran un cambio claro en la estrategia de Washington: debilitar la capacidad de Irán para controlar el estrecho de Ormuz, una de las rutas marítimas más importantes del planeta.
La pregunta ya no es únicamente quién está ganando sobre el terreno.
La verdadera cuestión es si esta ofensiva puede alterar el equilibrio militar en el golfo Pérsico.
Una ofensiva de gran magnitud
Según CENTCOM, las fuerzas estadounidenses atacaron cerca de 140 objetivos militares distribuidos principalmente por la costa sur iraní.
Entre ellos destacan:
- baterías de misiles antibuque;
- radares de vigilancia;
- sistemas de defensa aérea;
- centros de mando;
- drones;
- instalaciones de la Guardia Revolucionaria;
- embarcaciones rápidas utilizadas para hostigar el tráfico marítimo.
La mayoría de estos objetivos se concentran alrededor del estrecho de Ormuz.
No parece casualidad.
El verdadero objetivo no es Teherán
Muchos podrían pensar que Estados Unidos pretende destruir las Fuerzas Armadas iraníes.
La realidad parece mucho más específica.
Washington intenta impedir que Irán pueda cerrar o controlar el estrecho de Ormuz.
Esta estrecha vía marítima conecta el golfo Pérsico con el océano Índico y por ella transita aproximadamente una quinta parte del petróleo transportado por mar.
Si Irán consigue interrumpir ese tráfico, el impacto no se limitaría a Oriente Medio.
Afectaría a la economía mundial.
La respuesta de Irán
Lejos de reducir la tensión, Irán respondió lanzando misiles y drones contra instalaciones vinculadas a Estados Unidos en varios países del Golfo.
Las autoridades iraníes afirman que los ataques estaban dirigidos contra objetivos militares estadounidenses, mientras que varios gobiernos de la región denunciaron violaciones de su soberanía.
Además, Teherán volvió a declarar cerrado el estrecho de Ormuz.
Estados Unidos rechaza esa afirmación y sostiene que mantiene abierta la navegación internacional mediante su presencia naval.
Ormuz: abierto sobre el papel, mucho más vacío en la práctica
Aunque Washington asegura que el estrecho sigue operativo, los datos del tráfico marítimo muestran otra realidad.
El número de buques que atraviesan la zona ha caído a mínimos de varias semanas y numerosas navieras han extremado las precauciones debido al riesgo de nuevos ataques.
En otras palabras:
Puede que Ormuz no esté completamente cerrado.
Pero ya está funcionando muy por debajo de su actividad habitual.
Y eso basta para alterar los mercados.
El petróleo vuelve a reaccionar
Como ocurre cada vez que aumenta la tensión en el golfo Pérsico, los mercados energéticos reaccionaron inmediatamente.
El precio del petróleo registró una subida cercana al 4 % tras conocerse la nueva ofensiva estadounidense y la respuesta iraní.
No es únicamente una cuestión militar.
Cada petrolero que decide retrasar su paso, cada aseguradora que incrementa las primas o cada empresa que modifica sus rutas repercute directamente sobre el coste del transporte y de la energía.
¿Qué pretende Estados Unidos?
Los objetivos seleccionados permiten intuir una estrategia clara.
Washington parece buscar tres metas principales:
- reducir la capacidad iraní para atacar buques;
- garantizar la libertad de navegación en Ormuz;
- aumentar el coste militar para Irán si continúa presionando el tráfico marítimo.
No existen indicios públicos de que esta campaña tenga como objetivo inmediato ocupar territorio iraní o provocar un cambio de régimen.
Por ahora, la prioridad parece centrarse en la dimensión marítima del conflicto.
¿Qué puede ocurrir ahora?
La guerra entra en una fase especialmente delicada.
Si Estados Unidos continúa ampliando sus ataques y Teherán mantiene las represalias contra intereses estadounidenses y del Golfo, el conflicto podría extenderse aún más.
En cambio, si la capacidad iraní para amenazar Ormuz disminuye de forma significativa, Washington podría intentar estabilizar la situación sin ampliar la guerra.
En cualquier caso, el riesgo de errores de cálculo es hoy mayor que hace apenas unas semanas.
Conclusión
La última ofensiva estadounidense demuestra que el centro de gravedad del conflicto ya no está únicamente en los ataques entre Irán e Israel.
Ahora la batalla gira alrededor del estrecho de Ormuz.
Controlar esa ruta significa proteger una parte esencial del comercio energético mundial.
Y eso explica por qué Estados Unidos ha concentrado buena parte de sus ataques precisamente en la costa iraní.
La evolución de los próximos días determinará si esta ofensiva consigue reducir la capacidad de presión de Teherán… o si, por el contrario, marca el inicio de una escalada todavía mayor.
