Yemen vuelve a arder: hutíes, Arabia Saudí y la batalla por el mar Rojo

Información actualizada hasta el 15 de septiembre de 2026.

Durante años, Yemen desapareció progresivamente de los titulares internacionales. La guerra nunca terminó realmente, pero la reducción de los grandes combates tras la tregua de 2022 creó la impresión de que el conflicto había quedado congelado.

Esa percepción se ha roto.

Los ataques con misiles y drones contra Arabia Saudí, el avance de los hutíes por la costa occidental y la reanudación de los bombardeos han devuelto a Yemen al centro de la crisis de Oriente Medio. Lo que sucede allí ya no afecta únicamente a los propios yemeníes: amenaza algunas de las principales rutas energéticas y comerciales del planeta.

Para comprender la importancia de esta nueva escalada hay que responder primero a una pregunta aparentemente sencilla: ¿quién está luchando realmente en Yemen?

Un país dividido antes de la guerra actual

Yemen no siempre fue un único Estado. Hasta 1990 estuvo dividido entre Yemen del Norte y Yemen del Sur, dos países con sistemas políticos, aliados internacionales e identidades diferentes.

La unificación no eliminó esas divisiones. En 1994, apenas cuatro años después, una guerra civil enfrentó al Gobierno central con las fuerzas separatistas del sur. El norte se impuso militarmente, pero el resentimiento y las aspiraciones independentistas continuaron.

Mientras tanto, en las montañas del norte comenzó a crecer un movimiento político y religioso vinculado a la población zaidí, una rama del islam chií históricamente asentada en Yemen. De ese entorno surgió Ansar Allah, el movimiento conocido internacionalmente como los hutíes.

Entre 2004 y 2010, los hutíes libraron varias guerras contra el Gobierno del presidente Ali Abdullah Saleh. Paradójicamente, años después terminarían aliándose temporalmente con el propio Saleh para conquistar la capital.

La caída de Saná y la intervención saudí

Las protestas de la Primavera Árabe obligaron a Saleh a abandonar la presidencia en 2012. Su sucesor, Abdrabbuh Mansur Hadi, heredó un Estado debilitado, dividido y con graves problemas económicos.

En septiembre de 2014, los hutíes entraron en Saná y se hicieron con el control de la capital. Durante los meses siguientes avanzaron hacia el sur, obligando a Hadi a huir primero a Adén y después a Arabia Saudí.

Riad interpretó aquel avance como una amenaza directa. Para Arabia Saudí, la posibilidad de que un movimiento aliado de Irán controlase Yemen significaba aceptar una fuerza hostil a lo largo de más de 1.300 kilómetros de frontera común.

En marzo de 2015, Arabia Saudí encabezó una coalición militar para restaurar al Gobierno reconocido internacionalmente. Emiratos Árabes Unidos, Baréin, Egipto y otros países participaron en distintos grados, mientras Estados Unidos, Reino Unido y varias potencias occidentales proporcionaron armamento, inteligencia o apoyo logístico.

La intervención debía ser rápida. Terminó convirtiéndose en una guerra de desgaste de más de una década.

Quién combate contra quién

Presentar el conflicto como una guerra entre dos bandos resulta demasiado simple. Yemen está dividido entre varias fuerzas que pueden cooperar contra un enemigo común mientras mantienen entre ellas objetivos incompatibles.

Los hutíes

Ansar Allah controla Saná y buena parte del norte y el oeste del país, incluidas numerosas zonas densamente pobladas. Dispone de fuerzas terrestres, misiles balísticos, misiles antibuque y drones de ataque.

Irán le ha proporcionado respaldo político, conocimientos técnicos y asistencia militar. Sin embargo, describir a los hutíes únicamente como una marioneta iraní también sería incorrecto: poseen una estructura propia, una base social y una agenda específicamente yemení.

Su capacidad militar ha crecido hasta permitirles atacar territorio saudí, lanzar proyectiles contra Israel y amenazar embarcaciones situadas a cientos de kilómetros de sus posiciones.

El Gobierno reconocido internacionalmente

El Gobierno contrario a los hutíes está encabezado por el Consejo de Liderazgo Presidencial y cuenta con el respaldo de Arabia Saudí. Su capital provisional se encuentra en Adén, aunque su autoridad depende de diferentes organizaciones armadas y dirigentes regionales.

Su objetivo declarado es recuperar Saná y restaurar la autoridad estatal sobre todo Yemen. En la práctica, su fragmentación interna ha sido una de las principales ventajas de los hutíes.

El Consejo de Transición del Sur

El Consejo de Transición del Sur recibe apoyo de Emiratos Árabes Unidos y pretende recuperar la independencia del antiguo Yemen del Sur.

Aunque formalmente pertenece al campo contrario a los hutíes, sus aspiraciones chocan con las del Gobierno yemení, que quiere conservar la unidad territorial. Ambos han llegado a combatir entre sí por el control de Adén y otras provincias meridionales.

Las fuerzas de la costa occidental

En el litoral del mar Rojo operan fuerzas vinculadas a Tareq Saleh, sobrino del antiguo presidente. También forman parte del bloque contrario a los hutíes, pero conservan su propia cadena de mando y sus propios intereses políticos.

Al Qaeda y el Estado Islámico

Al Qaeda en la Península Arábiga aprovechó el colapso estatal para controlar territorios y organizar atentados. Aunque ha perdido buena parte de su capacidad, continúa operando en zonas rurales. El Estado Islámico mantiene una presencia todavía más reducida.

Yemen no es, por tanto, únicamente el escenario de una guerra indirecta entre Arabia Saudí e Irán. Es también una guerra civil, una disputa entre norte y sur, una competición entre Riad y Abu Dabi y una pieza de la confrontación regional entre Irán, Israel y Estados Unidos.

La tregua que nunca se convirtió en paz

En abril de 2022 entró en vigor una tregua promovida por Naciones Unidas. Aunque expiró oficialmente meses después, los grandes combates disminuyeron y Arabia Saudí abrió conversaciones directas con los hutíes.

Riad buscaba una salida. Tras años de bombardeos y enormes gastos militares, Arabia Saudí no había conseguido destruir a los hutíes ni restaurar plenamente al Gobierno yemení. Ansar Allah, por el contrario, disponía de mayor experiencia militar y armas con más alcance.

La reducción de los combates tampoco significó una solución. No hubo un acuerdo político definitivo, el país permaneció dividido y cada bando aprovechó la pausa para reorganizar sus fuerzas.

Desde finales de 2023, los ataques hutíes contra la navegación del mar Rojo conectaron nuevamente Yemen con las grandes crisis regionales. El movimiento aseguró que actuaba en apoyo de Gaza, aunque algunas embarcaciones atacadas tenían una relación discutible o inexistente con Israel.

Estos ataques provocaron operaciones militares de Estados Unidos, Reino Unido e Israel y obligaron a numerosas navieras a desviar sus barcos alrededor de África.

La guerra vuelve a cruzar la frontera saudí

La nueva escalada ha terminado con buena parte de la contención existente desde 2022.

Los hutíes han lanzado misiles y drones contra ciudades, bases militares e instalaciones energéticas saudíes. Riad sostiene que algunos de esos ataques han alcanzado objetivos civiles y causado decenas de heridos. Ansar Allah afirma que sus operaciones constituyen una respuesta a los bombardeos saudíes sobre Yemen.

Simultáneamente, las fuerzas contrarias a los hutíes han iniciado ofensivas en varias provincias, mientras Arabia Saudí ha intensificado sus operaciones aéreas.

El 15 de septiembre se produjeron nuevos ataques contra Arabia Saudí, incluida la zona de Khamis Mushait, donde se encuentra la importante base aérea Rey Khalid. Arabia Saudí y las fuerzas yemeníes aliadas respondieron con nuevos bombardeos. Reuters

Las cifras y los resultados militares anunciados por ambos bandos deben tratarse con precaución. El acceso independiente a muchas zonas es limitado y la información también forma parte de la propia guerra.

El avance hacia Bab el-Mandeb

Uno de los elementos más preocupantes de la nueva ofensiva es el avance hutí por la costa occidental de Yemen y su aproximación a Bab el-Mandeb.

El estrecho conecta el mar Rojo con el golfo de Adén y el océano Índico. Todo barco que viaje entre el canal de Suez y Asia debe atravesarlo o rodear el continente africano.

Los hutíes han conseguido importantes avances en las inmediaciones del estrecho, incluido el puerto de Mokha y posiciones estratégicas en las islas del mar Rojo. Estas conquistas aumentan su capacidad para vigilar, atacar o interrumpir el tráfico marítimo. Associated Press

Controlar una costa no equivale a controlar automáticamente todas las aguas próximas. Sin embargo, los hutíes no necesitan bloquear completamente Bab el-Mandeb para provocar daños económicos: basta con elevar el riesgo para que aumenten los seguros, los costes de transporte y los tiempos de navegación.

Una de las rutas comerciales más importantes del mundo

Por Bab el-Mandeb circulan petróleo, gas, productos industriales y mercancías transportadas entre Europa y Asia.

La Administración de Información Energética estadounidense calculó que durante los primeros meses de 2024 atravesaron el estrecho aproximadamente cuatro millones de barriles diarios de petróleo y derivados. Antes de los ataques contra la navegación, el volumen superaba los ocho millones de barriles diarios. Administración de Información Energética de Estados Unidos

Cuando las navieras deciden evitar el mar Rojo, sus barcos deben rodear el cabo de Buena Esperanza. Ese desvío añade miles de kilómetros a la ruta, consume más combustible y retrasa la llegada de las mercancías.

El resultado termina trasladándose al precio del transporte, los productos importados y, en determinadas circunstancias, la energía.

Arabia Saudí atrapada entre dos estrechos

La posición saudí es especialmente delicada.

La mayor parte de su producción petrolera se concentra cerca del golfo Pérsico y tradicionalmente se exporta a través del estrecho de Ormuz. Para reducir esa dependencia, Arabia Saudí construyó el oleoducto Este-Oeste, que permite transportar crudo hasta Yanbu, en la costa del mar Rojo.

Sin embargo, un ataque reciente obligó a cerrar temporalmente esa infraestructura. Las primeras investigaciones situaron el origen del ataque en Irak, posiblemente relacionado con milicias respaldadas por Irán, aunque ningún grupo asumió inmediatamente la responsabilidad. Reuters

Esto coloca a Riad ante un serio problema estratégico:

  • El estrecho de Ormuz está condicionado por la confrontación con Irán.
  • El oleoducto construido para evitar Ormuz ha demostrado ser vulnerable.
  • La salida occidental por el mar Rojo depende de la seguridad de Bab el-Mandeb.
  • Los hutíes poseen armas capaces de amenazar puertos, barcos e instalaciones saudíes.

Yemen se ha convertido así en una pieza central del sistema energético de Arabia Saudí y, por extensión, del mercado mundial.

Una guerra financiada desde fuera y sufrida dentro

La dimensión internacional del conflicto no debe ocultar quién soporta sus consecuencias.

Los hutíes han sido acusados de atacar objetivos civiles, colocar minas, reclutar menores, detener arbitrariamente a opositores y trabajadores humanitarios y lanzar ataques indiscriminados contra la navegación.

La coalición encabezada por Arabia Saudí también ha sido acusada de bombardear viviendas, hospitales, mercados y otras infraestructuras civiles. Las fuerzas vinculadas al Gobierno y al Consejo de Transición del Sur acumulan igualmente denuncias por detenciones arbitrarias, torturas y desapariciones.

No existe un único responsable de la devastación yemení. Prácticamente todos los principales actores han sido señalados por graves abusos.

Naciones Unidas estimó que 19,5 millones de personas necesitaban asistencia humanitaria durante 2025. Las necesidades han continuado aumentando en un país con inseguridad alimentaria, servicios sanitarios destruidos y millones de desplazados. Naciones Unidas

La reanudación de los combates ha provocado más de 100.000 nuevos desplazamientos internos. Miles de personas también han intentado abandonar Yemen por mar hacia Yibuti, mientras las carreteras bloqueadas y los daños en las comunicaciones dificultan la llegada de ayuda. Reuters

¿Qué obtiene Irán?

El apoyo a los hutíes ofrece a Teherán una herramienta de presión extraordinariamente barata en comparación con sus posibles efectos.

Desde Yemen puede amenazarse la frontera saudí, el tráfico del mar Rojo y las conexiones marítimas de Israel sin necesidad de desplegar directamente grandes fuerzas iraníes.

Esto no significa que Irán controle todas las decisiones de Ansar Allah. Los hutíes poseen intereses propios y pueden asumir riesgos que no siempre coinciden perfectamente con los cálculos iraníes.

La relación funciona porque beneficia a ambos: Irán amplía su capacidad regional y los hutíes reciben apoyo técnico, político y militar que refuerza su posición dentro de Yemen.

El dilema de Arabia Saudí

Arabia Saudí tiene capacidad para provocar enormes daños desde el aire, pero su experiencia desde 2015 demuestra que los bombardeos no garantizan una victoria política.

Una nueva campaña prolongada podría degradar los arsenales hutíes, aunque también causaría víctimas civiles, desplazamientos y ataques de represalia contra territorio saudí.

Negociar tampoco resulta sencillo. Un acuerdo que consolidase el dominio de los hutíes sobre el norte podría interpretarse como una victoria de Ansar Allah e Irán. Además, el Gobierno yemení y las fuerzas del sur podrían rechazar cualquier pacto que ignorase sus propios intereses.

Riad debe elegir entre combatir a un enemigo que no consiguió derrotar durante años o negociar con un movimiento que ahora posee más territorio, más armamento y una capacidad de presión regional muy superior.

Tres posibles escenarios

Una nueva guerra abierta

La continuación de los ataques contra Arabia Saudí y las ofensivas terrestres podría conducir a una campaña aérea prolongada y a la movilización de las fuerzas yemeníes respaldadas por Riad.

Sería el escenario más peligroso para la población y para la navegación internacional.

Contención y regreso a las negociaciones

Arabia Saudí y los hutíes podrían limitar sus operaciones después de demostrar su capacidad militar y regresar a conversaciones indirectas, probablemente con la mediación de Omán.

Esto reduciría la violencia, pero no resolvería la división política de Yemen.

Regionalización definitiva del conflicto

Yemen podría dejar de funcionar principalmente como una guerra civil y convertirse en un frente permanente de la confrontación entre Irán, Arabia Saudí, Israel y Estados Unidos.

En ese caso, cualquier crisis en Gaza, Líbano, Irak o el golfo Pérsico podría desencadenar ataques desde Yemen.

Una guerra ignorada con consecuencias mundiales

Los hutíes han pasado de ser una insurgencia localizada en las montañas del norte a controlar la capital y disponer de armas capaces de influir en el comercio mundial.

Arabia Saudí, pese a su superioridad aérea y económica, no ha conseguido imponer una solución militar. El Gobierno yemení permanece fragmentado y las aspiraciones separatistas del sur siguen sin resolverse.

La nueva escalada demuestra que la calma posterior a 2022 no era paz, sino una pausa sostenida por un equilibrio extremadamente frágil.

Lo que se disputa en Yemen no es únicamente el control de Saná. También están en juego el acceso al mar Rojo, la seguridad energética saudí y una ruta fundamental para el comercio entre Europa y Asia.

Por eso una guerra ignorada durante años puede terminar afectando al precio del combustible, al transporte marítimo y al coste de productos consumidos a miles de kilómetros del campo de batalla.

Yemen vuelve a ocupar titulares. Para millones de yemeníes, sin embargo, la guerra nunca había dejado de estar presente.