La relación entre Marruecos e Israel ha dejado de ser una simple normalización diplomática. En apenas unos años se ha convertido en una cooperación estratégica que incluye intercambio de inteligencia, adquisición de armamento, defensa aérea, drones, industria militar y vigilancia espacial.
El último paso llegó con el acuerdo para elevar sus relaciones diplomáticas mediante la apertura de embajadas y el nombramiento de embajadores. Sin embargo, el verdadero alcance de esta alianza no se mide únicamente por la diplomacia. Se encuentra en las capacidades militares y tecnológicas que Marruecos está desarrollando con ayuda israelí.
Para España, esto no significa que exista una amenaza militar inmediata. Pero sí obliga a observar con atención cómo está cambiando el equilibrio de fuerzas al otro lado del Estrecho.
El origen de la alianza
Marruecos e Israel restablecieron oficialmente sus relaciones en diciembre de 2020, dentro del proceso impulsado por Estados Unidos conocido como los Acuerdos de Abraham.
La normalización estuvo acompañada por una decisión fundamental: Washington reconoció la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental. Rabat conseguía así el respaldo estadounidense a una de sus principales prioridades estratégicas, mientras Israel obtenía un nuevo socio en el norte de África.
La relación avanzó rápidamente. En noviembre de 2021, los ministros de Defensa de ambos países firmaron en Rabat un memorando que establecía un marco oficial para cooperar en inteligencia, formación militar, industria de defensa y adquisición de armamento. Fue el primer acuerdo de estas características firmado públicamente por Israel con un país árabe.
Desde entonces, la cooperación no ha dejado de ampliarse.
Drones, defensa aérea e inteligencia
Israel posee una de las industrias militares más avanzadas del mundo, especialmente en drones, sensores, guerra electrónica, misiles y defensa antiaérea. Marruecos, por su parte, lleva años intentando modernizar sus Fuerzas Armadas y reducir su dependencia de proveedores tradicionales como Estados Unidos y Francia.
La convergencia de intereses es evidente.
Diversas informaciones han vinculado a Marruecos con la adquisición de municiones merodeadoras y drones israelíes. Estos sistemas permiten localizar, seguir y atacar objetivos con rapidez, una capacidad especialmente relevante en los grandes espacios abiertos del Sáhara Occidental.
También se ha informado de la compra del sistema antiaéreo israelí Barak MX. Este puede integrar diferentes interceptores y proteger frente a aeronaves, drones y varios tipos de misiles. Rabat no ha divulgado públicamente todos los detalles, por lo que conviene distinguir entre contratos confirmados por las empresas y adquisiciones conocidas únicamente a través de fuentes periodísticas.
Otro proyecto importante es la posible fabricación de drones israelíes en territorio marroquí. El objetivo de Rabat no parece limitarse a importar armamento: busca desarrollar una industria propia, recibir tecnología y adquirir capacidad para fabricar, mantener y modificar determinados sistemas.
Eso convertiría a Marruecos no solo en cliente de Israel, sino también en potencial productor y exportador regional de material militar.
Vigilancia desde el espacio
En 2024, medios marroquíes informaron de un acuerdo valorado en aproximadamente 1.000 millones de dólares para adquirir un satélite de reconocimiento Ofek 13 fabricado por Israel Aerospace Industries.
IAI confirmó entonces un contrato de esa cuantía con un cliente extranjero, aunque no identificó oficialmente al país. Reuters señaló que fuentes marroquíes atribuían el acuerdo a Rabat, pero ni el Gobierno de Marruecos ni la misión israelí lo confirmaron públicamente.
De completarse, proporcionaría a Marruecos una capacidad avanzada para observar movimientos militares, instalaciones e infraestructuras desde el espacio. También reduciría su dependencia de imágenes proporcionadas por socios extranjeros.
La importancia de esta capacidad va más allá del Sáhara. La vigilancia satelital, combinada con drones y sistemas de inteligencia, permite construir una imagen mucho más completa de lo que sucede en una región.
El Sáhara Occidental y la rivalidad con Argelia
El principal beneficiario militar de esta cooperación es Marruecos, pero el país que la observa con mayor preocupación es Argelia.
Argel y Rabat mantienen una rivalidad histórica por el liderazgo regional. Argelia apoya al Frente Polisario y defiende la celebración de un proceso de autodeterminación en el Sáhara Occidental, mientras Marruecos considera el territorio parte integrante del reino y ofrece únicamente una autonomía bajo su soberanía.
La llegada de tecnología israelí refuerza la capacidad marroquí para vigilar el muro defensivo, localizar movimientos del Polisario y responder a posibles ataques. También aumenta la presión sobre Argelia, que continúa siendo una de las mayores potencias militares de África.
Esto alimenta una dinámica de competición: Marruecos busca una ventaja tecnológica mientras Argelia conserva una importante superioridad cuantitativa en varios ámbitos y mantiene una estrecha relación militar con Rusia.
La consecuencia es un Magreb cada vez más militarizado y dividido.
¿Qué significa para España?
España mantiene una relación compleja con Marruecos. Ambos países cooperan en inmigración, lucha antiterrorista, comercio y seguridad, pero siguen existiendo asuntos sensibles como Ceuta, Melilla, las aguas próximas a Canarias y la cuestión del Sáhara Occidental.
La modernización marroquí no demuestra que Rabat esté preparando una acción militar contra España. Confundir una mejora de capacidades con una intención de utilizarlas sería un error.
Sin embargo, las capacidades importan porque condicionan el equilibrio político y militar incluso cuando no se emplean.
Un Marruecos con mejores drones, defensa antiaérea, vigilancia espacial e industria militar posee más autonomía y mayor capacidad para ejercer presión regional. España debe conocer esas capacidades, mantener su superioridad tecnológica y evitar que la distancia entre ambos países se reduzca en áreas estratégicas.
La posición geográfica tampoco puede ignorarse. Ceuta y Melilla se encuentran en el norte de África; Canarias está próxima al espacio estratégico marroquí; y el Estrecho concentra rutas comerciales, energéticas y militares fundamentales.
España necesita combinar cooperación diplomática con disuasión creíble. Ambas cosas no son incompatibles. Mantener buenas relaciones con Marruecos no elimina la necesidad de planificar frente a posibles crisis futuras.
Una alianza que ha llegado para quedarse
La cooperación entre Marruecos e Israel responde a intereses profundos.
Marruecos obtiene armamento avanzado, inteligencia, tecnología e influencia en Washington. Israel consolida su presencia en el Magreb, abre un mercado para su industria de defensa y gana un socio situado entre el Mediterráneo, el Atlántico y el Sahel.
El reciente avance diplomático demuestra que la relación ha sobrevivido a las tensiones regionales y continúa profundizándose.
Para España, la conclusión no debe ser alarmista, pero tampoco complaciente. Marruecos no se ha convertido automáticamente en un enemigo por cooperar con Israel. Lo que sí está ocurriendo es una transformación de sus capacidades militares que España debe estudiar, anticipar y compensar.
En geopolítica, las intenciones pueden cambiar con rapidez. Las capacidades construidas durante años permanecen.
Imagen: Embajada de Estados Unidos en Jerusalén / Wikimedia Commons — CC BY 2.0.

