Durante las últimas décadas, China ha pasado de ser una economía emergente a convertirse en una de las principales potencias mundiales. Su crecimiento económico, desarrollo tecnológico y expansión de su influencia internacional han modificado el equilibrio del poder global. Mientras Estados Unidos continua siendo la principal potencia militar y financiera del planeta, Pekín ha aumentado su presencia en Asia, África, América Latina e incluso Europa mediante inversiones estratégicas y acuerdos comerciales.

