Estados Unidos abandona Irak: quién ocupará el vacío tras 23 años

Estados Unidos está a punto de retirar sus últimas fuerzas militares de Irak. La salida, prevista para completarse el 30 de septiembre, cierra el ciclo iniciado con la invasión de 2003 y abre una nueva etapa marcada por tres grandes interrogantes: la capacidad del Gobierno iraquí para controlar todo su territorio, el creciente poder de las organizaciones respaldadas por Irán y la posibilidad de que el Estado Islámico aproveche el vacío de seguridad.

No se trata de una presencia estadounidense ininterrumpida durante 23 años. Las tropas de combate abandonaron Irak en diciembre de 2011, pero regresaron menos de tres años después, cuando el Estado Islámico conquistó Mosul y llegó a controlar aproximadamente un tercio del país.

Ahora Washington vuelve a marcharse. Esta vez, según Estados Unidos y el Gobierno iraquí, las fuerzas de seguridad nacionales están preparadas para asumir la lucha contra las células yihadistas. Sin embargo, la retirada llega en un momento especialmente delicado para Oriente Medio.

Una guerra que comenzó en 2003

Estados Unidos invadió Irak en marzo de 2003 con el objetivo declarado de derrocar a Sadam Husein y eliminar unas supuestas armas de destrucción masiva que nunca fueron encontradas.

El régimen iraquí cayó rápidamente, pero la victoria militar no produjo la estabilidad prometida. La disolución del Ejército y de buena parte de las instituciones del Estado dejó a cientos de miles de personas sin empleo ni perspectivas, mientras el país se hundía en una insurgencia y en una creciente violencia sectaria entre comunidades suníes y chiíes.

Washington consiguió derrocar a Sadam Husein, pero también destruyó el equilibrio de poder que había contenido la influencia iraní. La desaparición del régimen baazista permitió que diferentes organizaciones políticas y armadas chiíes, muchas de ellas próximas a Teherán, fueran adquiriendo un peso cada vez mayor dentro de Irak.

La invasión terminó produciendo así una de sus mayores paradojas: Estados Unidos eliminó a uno de los principales enemigos de Irán y facilitó indirectamente la expansión iraní.

La retirada de 2011 y el regreso del Estado Islámico

Las últimas fuerzas estadounidenses de combate abandonaron Irak en diciembre de 2011. El Gobierno de Barack Obama presentó la retirada como el final de la guerra, pero el país seguía arrastrando instituciones débiles, profundas divisiones internas y extensas zonas donde la autoridad estatal era limitada.

En 2014, el Estado Islámico lanzó una ofensiva fulminante. Mosul, la segunda ciudad más grande de Irak, cayó prácticamente sin resistencia y buena parte del Ejército iraquí se desintegró.

Ante el avance yihadista, Estados Unidos regresó por petición del Gobierno iraquí. Una coalición internacional proporcionó ataques aéreos, inteligencia, vigilancia, asesoramiento y apoyo logístico a las fuerzas iraquíes y a los peshmerga kurdos.

El califato territorial fue derrotado, pero el Estado Islámico no desapareció. Sus supervivientes se reorganizaron en pequeñas células capaces de esconderse en zonas rurales, desérticas y montañosas, desde donde continúan preparando emboscadas, atentados y operaciones de propaganda.

Qué significa realmente la retirada

La salida estadounidense no supone que Washington abandone completamente Oriente Medio. Estados Unidos conserva una importante presencia militar en países como Kuwait, Catar, Baréin y otros Estados del Golfo, además de mantener capacidades aéreas y navales desplegadas en toda la región.

Lo que termina es la presencia permanente de fuerzas estadounidenses dentro de Irak.

Durante los últimos años, su misión había dejado de ser una operación de combate convencional. Los militares estadounidenses proporcionaban principalmente formación, inteligencia, vigilancia aérea, apoyo logístico y coordinación de operaciones contra el Estado Islámico.

También actuaban como contrapeso frente a las milicias respaldadas por Irán. Su retirada elimina ese obstáculo y modifica el equilibrio entre Washington y Teherán dentro del país.

Irán, el principal beneficiado

Irán lleva años intentando reducir la presencia estadounidense en Oriente Medio. Irak es fundamental para esa estrategia por su posición geográfica, sus recursos energéticos y su conexión con Siria y Líbano.

Teherán mantiene estrechas relaciones con partidos políticos, dirigentes religiosos y organizaciones armadas iraquíes. Algunas de estas milicias forman parte oficialmente de las Fuerzas de Movilización Popular, integradas en el sistema de seguridad del Estado, pero conservan estructuras de mando, arsenales y objetivos políticos propios.

La retirada permite que estas organizaciones presenten la salida estadounidense como una victoria. También podría facilitar que aumenten su influencia sobre las decisiones políticas y militares de Bagdad.

El Gobierno iraquí ha ordenado que los grupos armados ajenos al Estado entreguen sus armas coincidiendo con la retirada internacional. Sin embargo, algunas de las milicias más poderosas ya han rechazado desarmarse.

Esta será una de las primeras pruebas para las autoridades iraquíes: demostrar si pueden imponer su autoridad sobre organizaciones que, en algunos casos, cuentan con más recursos, armamento y capacidad de movilización que varias unidades regulares.

¿Puede regresar el Estado Islámico?

El Estado Islámico ya no controla grandes ciudades ni dispone del territorio que llegó a gobernar entre Irak y Siria. Sin embargo, conserva redes clandestinas y células durmientes.

Responsables de seguridad iraquíes y mandos kurdos han advertido sobre movimientos recientes de estas células. Su principal temor no es una ofensiva inmediata comparable a la de 2014, sino una recuperación progresiva aprovechando las zonas donde las fuerzas gubernamentales, kurdas y locales no coordinan correctamente sus operaciones.

La retirada también implica la pérdida de parte del apoyo estadounidense en inteligencia, drones, reconocimiento aéreo y logística.

Irak dispone actualmente de unas fuerzas armadas mucho más experimentadas que las que se derrumbaron en 2014. Aun así, combatir una insurgencia requiere información constante, coordinación entre organismos y presencia permanente en zonas remotas. Cualquier ruptura en esa cadena puede ofrecer al Estado Islámico el espacio necesario para reconstruirse.

El Kurdistán teme quedar expuesto

La retirada preocupa especialmente al Gobierno Regional del Kurdistán. Las últimas fuerzas estadounidenses se encontraban principalmente en el norte del país, donde colaboraban con los peshmerga y protegían instalaciones utilizadas por la coalición internacional.

La región kurda se encuentra entre varios focos de presión: las milicias proiraníes, las tensiones con el Gobierno central, las operaciones turcas contra el Partido de los Trabajadores del Kurdistán y la actividad residual del Estado Islámico.

Además, el Kurdistán iraquí carece de una defensa aérea suficientemente desarrollada para responder por sí solo a ataques con misiles y drones. La desaparición de la protección estadounidense podría obligar a sus dirigentes a alcanzar nuevos acuerdos con Bagdad o incluso con Teherán.

Soberanía o redistribución del poder

Para buena parte de la población iraquí, la retirada representa la recuperación de una soberanía limitada durante más de dos décadas por la presencia de tropas extranjeras. Estados Unidos deja atrás un país profundamente transformado por la invasión, la ocupación, la guerra sectaria y la lucha contra el Estado Islámico.

Sin embargo, la salida de una potencia extranjera no garantiza automáticamente la independencia política de Irak.

El verdadero problema será determinar quién ocupa el espacio que deja Washington. Podría hacerlo un Estado iraquí capaz de controlar sus fronteras, sus fuerzas armadas y sus organizaciones políticas. Pero también podrían hacerlo las milicias respaldadas por Irán, las redes yihadistas o los países vecinos que mantienen intereses dentro del territorio iraquí.

La retirada estadounidense no constituye una repetición exacta de Afganistán. Ha sido negociada, gradual y coordinada con las autoridades de Bagdad. Tampoco existe actualmente una fuerza insurgente capaz de conquistar rápidamente las principales ciudades del país.

Pero la experiencia iraquí demuestra que los vacíos de seguridad rara vez permanecen vacíos durante mucho tiempo.

Estados Unidos abandona Irak 23 años después de haber derribado a Sadam Husein. La guerra iniciada en 2003 termina para Washington, pero sus consecuencias continúan determinando el futuro de todo Oriente Medio.

Imagen: soldados estadounidenses durante operaciones en la base aérea de Erbil, Irak, en febrero de 2025. U.S. Army / Capt. Andrew Lightsey IV, vía Wikimedia Commons. Dominio público.

Fuentes principales: Reuters, Associated Press, Departamento de Defensa de Estados Unidos y Mando Central de Estados Unidos.