La Guerra de la Independencia española: cómo Napoleón conquistó España, pero no consiguió dominarla

Hoy España y Francia se enfrentan por una plaza en la final del Mundial. El partido se disputará en Dallas y comenzará a las 21:00, hora peninsular española.  

Pero la rivalidad deportiva ofrece también una oportunidad para recordar un enfrentamiento mucho más decisivo entre ambos países.

Entre 1808 y 1814, España se convirtió en uno de los escenarios más complejos de las guerras napoleónicas. Napoleón Bonaparte, que había derrotado a algunas de las principales potencias europeas, consiguió ocupar gran parte del territorio español, colocar a su hermano José Bonaparte en el trono y desplegar un ejército muy superior al disponible inicialmente por España.

Sin embargo, no consiguió controlar completamente el país.

La resistencia popular, los ejércitos españoles, la guerra de guerrillas y la intervención de Portugal y Reino Unido transformaron la Península en una campaña larga y desgastante que contribuyó a debilitar al Imperio francés.

¿Cómo pudo España resistir a uno de los ejércitos más poderosos de la historia?

De aliados a enemigos

El origen inmediato de la guerra se encuentra en la alianza entre España y Francia contra Portugal.

En 1807, ambos países firmaron el Tratado de Fontainebleau, mediante el cual se permitía el paso de tropas francesas por territorio español para invadir Portugal, aliado tradicional de Reino Unido.  

Napoleón aprovechó aquella autorización para introducir cada vez más soldados en España y ocupar posiciones estratégicas.

Lo que debía ser una operación conjunta contra Portugal terminó convirtiéndose progresivamente en una ocupación.

La monarquía española atravesaba además una fuerte crisis interna. Carlos IV y su hijo Fernando estaban enfrentados, mientras Manuel Godoy acumulaba un enorme rechazo político y social.

Napoleón utilizó esa división para atraer a la familia real española a Bayona y presionarla para que renunciara a la Corona. Posteriormente entregó el trono a su hermano, José Bonaparte.

Desde la perspectiva francesa, se trataba de sustituir una monarquía debilitada por un Gobierno aliado y reformista.

Para una gran parte de la población española, era una imposición extranjera.

El levantamiento del 2 de mayo

La tensión estalló en Madrid el 2 de mayo de 1808.

Cuando las tropas francesas trataron de trasladar a los últimos miembros de la familia real, una parte de la población madrileña se rebeló contra la ocupación.

El levantamiento fue espontáneo, desorganizado y militarmente desigual. Civiles armados con cuchillos, herramientas y armas improvisadas se enfrentaron a soldados profesionales del Ejército francés.

La rebelión fue finalmente reprimida, pero su importancia fue enorme.

El Museo del Ejército define aquel episodio como una rebelión popular contra la ocupación francesa que terminó convirtiéndose en uno de los principales símbolos del inicio de la Guerra de la Independencia.  

Los fusilamientos posteriores, inmortalizados por Francisco de Goya, contribuyeron a extender la indignación por el resto del país.

En numerosas ciudades y provincias surgieron juntas locales que rechazaban la autoridad de José Bonaparte y afirmaban gobernar en nombre de Fernando VII.

La guerra ya había comenzado.

La enorme superioridad francesa

España se enfrentaba a uno de los mayores problemas militares de su historia.

Al comenzar el conflicto, el Ejército español disponía aproximadamente de unos 60.000 soldados regulares para oponerse a más de 180.000 militares franceses desplegados en la Península.  

Además, las fuerzas napoleónicas contaban con:

  • experiencia en campañas por toda Europa;
  • mandos profesionales;
  • una organización militar muy avanzada;
  • gran movilidad;
  • unidades de caballería y artillería experimentadas;
  • la confianza acumulada tras numerosas victorias.

Sobre el papel, Francia debía imponerse con rapidez.

Sin embargo, la guerra española no se desarrolló como las campañas tradicionales que Napoleón había librado en Europa central.

No existía un único ejército cuya derrota pusiera fin al conflicto.

Cada ciudad ocupada podía volver a rebelarse. Cada ruta logística necesitaba protección. Cada convoy francés podía ser atacado.

La conquista militar del territorio no garantizaba su control político.

Bailén: la derrota que sorprendió a Europa

En julio de 1808 tuvo lugar uno de los acontecimientos más importantes de la primera fase de la guerra.

Un ejército español dirigido por los generales Castaños y Reding derrotó en Bailén a las fuerzas francesas del general Dupont.

La victoria tuvo un enorme impacto psicológico y político.

La historiografía militar española señala que España fue el escenario de la primera gran derrota en campo abierto del Ejército imperial francés.  

Miles de soldados franceses se rindieron.

José Bonaparte tuvo que abandonar temporalmente Madrid y la imagen de invencibilidad napoleónica quedó dañada.

Bailén demostró que el Ejército francés podía ser derrotado.

No significó el final de la invasión, pero cambió la percepción del conflicto dentro y fuera de España.

La respuesta personal de Napoleón

Napoleón comprendió que la situación requería una intervención directa.

A finales de 1808 entró en España al frente de un gran ejército y consiguió una serie de victorias que permitieron recuperar Madrid y restablecer el control francés sobre amplias zonas del país.

Las fuerzas españolas fueron derrotadas en varias batallas convencionales. Muchas unidades estaban mal coordinadas y carecían de la preparación necesaria para enfrentarse directamente a los veteranos franceses.

Durante esta fase, parecía posible que Francia terminara consolidando la ocupación.

Sin embargo, el problema fundamental seguía intacto.

El Ejército francés podía conquistar ciudades y derrotar ejércitos, pero necesitaba controlar un territorio extenso y hostil mientras continuaba combatiendo en otros puntos de Europa.

El nacimiento de la guerra de guerrillas moderna

Uno de los aspectos más importantes de la Guerra de la Independencia fue la expansión de la guerrilla.

Pequeños grupos formados por campesinos, antiguos soldados, contrabandistas, voluntarios y líderes locales comenzaron a atacar:

  • convoyes;
  • correos militares;
  • destacamentos aislados;
  • depósitos;
  • puentes;
  • rutas de abastecimiento.

Estas fuerzas no podían derrotar normalmente a un gran ejército francés en una batalla abierta.

Pero podían obligarlo a dispersarse.

Cada carretera necesitaba escoltas. Cada guarnición consumía soldados. Cada suministro enviado desde Francia corría el riesgo de ser interceptado.

La Revista Ejército destaca que la guerrilla influyó de múltiples formas en el desarrollo y el resultado final de la guerra, especialmente al combinar sus efectos con los de los ejércitos regulares.  

La palabra española guerrilla, diminutivo de guerra, terminó internacionalizándose para describir esta forma de combatir.

La guerra no fue solo española

Aunque en España se conoce como Guerra de la Independencia, internacionalmente suele integrarse dentro de la llamada Guerra Peninsular.

Portugal y Reino Unido desempeñaron un papel decisivo.

El Ejército británico, dirigido progresivamente por Arthur Wellesley —futuro duque de Wellington—, utilizó Portugal como base desde la que contener a las fuerzas francesas y lanzar ofensivas hacia España.

Entre 1808 y 1814, tropas británicas combatieron junto a españoles y portugueses, primero resistiendo a fuerzas francesas superiores y posteriormente expulsándolas de la Península.  

La guerra combinó así varios niveles:

  • resistencia popular española;
  • ejércitos regulares españoles;
  • defensa portuguesa;
  • expedición británica;
  • guerra general europea contra Napoleón.

No fue únicamente una insurrección ni exclusivamente una guerra convencional.

Fue la combinación de ambas.

Zaragoza y la resistencia urbana

Los sitios de Zaragoza se convirtieron en otro de los grandes símbolos del conflicto.

La ciudad resistió dos asedios franceses en condiciones extremadamente duras. Los combates se desarrollaron calle por calle y edificio por edificio.

Militares y civiles participaron en la defensa.

Aunque Zaragoza terminó cayendo, la resistencia obligó a Francia a emplear grandes recursos y demostró hasta qué punto la población podía dificultar una ocupación.

Algo parecido ocurrió en otras ciudades, como Gerona.

Para Napoleón, cada plaza que se negaba a rendirse representaba tiempo, bajas y tropas que no podían emplearse en otros frentes.

Cádiz y la Constitución de 1812

Mientras buena parte del territorio estaba ocupada, Cádiz se convirtió en el centro político de la resistencia.

Protegida por su posición geográfica y por la presencia naval británica, la ciudad acogió a las Cortes que elaboraron la Constitución de 1812.

Aprobada el 19 de marzo y conocida popularmente como La Pepa, proclamó principios como:

  • soberanía nacional;
  • división de poderes;
  • representación política;
  • limitación del poder absoluto del monarca.

La guerra no fue únicamente una lucha para expulsar al invasor.

También abrió un conflicto interno entre quienes deseaban conservar el absolutismo y quienes pretendían transformar profundamente el Estado español.

Esa división marcaría gran parte de la historia política española del siglo XIX.

La campaña de Wellington

A medida que Napoleón desviaba tropas hacia otros frentes europeos, especialmente hacia la campaña de Rusia, la posición francesa en la Península comenzó a debilitarse.

Wellington aprovechó esa situación.

En 1812 consiguió una victoria decisiva en la batalla de Salamanca. El National Army Museum considera que aquella batalla rompió el dominio francés sobre la Península y mostró una faceta ofensiva de Wellington que iba más allá de su reputación como comandante defensivo.  

En 1813, las fuerzas aliadas obtuvieron otra gran victoria en Vitoria.

El Ejército francés fue derrotado y comenzó a retirarse hacia los Pirineos. Wellington continuó avanzando hasta llevar la guerra al propio territorio francés.  

La ocupación estaba llegando a su fin.

¿Por qué perdió Francia?

La derrota francesa no tuvo una única causa.

Un territorio difícil de controlar

España era extensa, montañosa y disponía de comunicaciones deficientes. Las distancias complicaban el movimiento y el abastecimiento.

Resistencia constante

Aunque Francia ocupaba las principales ciudades, amplias zonas rurales nunca quedaron completamente controladas.

La guerrilla

Los ataques continuos obligaron a dispersar miles de soldados en misiones de escolta, vigilancia y protección.

Ejércitos españoles todavía activos

A pesar de sufrir numerosas derrotas, las fuerzas españolas continuaron reorganizándose y combatiendo.

La alianza con Portugal y Reino Unido

Wellington aportó un ejército profesional, una estructura logística sólida y una dirección estratégica más estable.

La guerra europea

Napoleón necesitaba simultáneamente tropas en Alemania, Rusia y otros escenarios.

La Península se convirtió en una herida permanente que consumía hombres, dinero y recursos.

La retirada francesa y el regreso de Fernando VII

En 1813 y 1814, la posición napoleónica se derrumbó.

Las fuerzas francesas abandonaron progresivamente España y Fernando VII recuperó el trono.

Sin embargo, el regreso del monarca no trajo la estabilidad esperada.

Fernando VII anuló la Constitución de 1812 y restauró el absolutismo, iniciando una nueva etapa de enfrentamientos políticos entre liberales y absolutistas.

España había derrotado la ocupación francesa, pero había quedado profundamente dañada.

El coste de la victoria

La Guerra de la Independencia fue devastadora.

La población sufrió:

  • combates;
  • hambre;
  • epidemias;
  • saqueos;
  • represalias;
  • destrucción de cosechas;
  • colapso económico.

Numerosas ciudades y regiones quedaron arrasadas.

Además, la crisis de la monarquía española aceleró los movimientos independentistas en América. El vacío de poder surgido en 1808 favoreció la aparición de juntas y procesos políticos que terminarían cuestionando la autoridad española en los territorios de ultramar.  

Por tanto, la guerra contribuyó no solo a transformar España, sino también a modificar el mapa político de América.

¿Ganó realmente España?

Militarmente, el objetivo principal fue alcanzado:

Las fuerzas francesas fueron expulsadas y José Bonaparte perdió el trono.

Pero la victoria tuvo importantes matices.

España necesitó la colaboración de Portugal y Reino Unido. El país terminó devastado, la economía quedó muy debilitada y las tensiones internas continuaron durante décadas.

Napoleón no logró dominar la Península.

Sin embargo, el conflicto dejó a España mucho más débil de lo que estaba antes de la invasión.

Fue una victoria frente a la ocupación, pero no una recuperación inmediata del poder perdido.

La gran lección militar

La Guerra de la Independencia demostró que conquistar un país no equivale necesariamente a controlarlo.

Francia ganó numerosas batallas.

Ocupó Madrid.

Controló grandes ciudades.

Disponía de más tropas y mejores mandos.

Pero nunca consiguió eliminar completamente la resistencia política, militar y popular.

La campaña anticipó una de las grandes lecciones de las guerras modernas:

Una potencia puede dominar el campo de batalla y, aun así, fracasar en la ocupación.

La superioridad militar sirve para conquistar territorio.

Para conservarlo también hacen falta legitimidad, seguridad, logística y capacidad de controlar a la población.

Conclusión

Hoy España y Francia se enfrentan durante noventa minutos por una plaza en la final del Mundial.

Hace más de dos siglos, su enfrentamiento duró seis años y transformó la historia europea.

Napoleón consiguió ocupar gran parte de España y colocar a su hermano en el trono, pero no consiguió acabar con la resistencia.

El Ejército español, las guerrillas, Portugal y Reino Unido convirtieron la Península en una guerra de desgaste que terminó expulsando a los franceses y debilitando al Imperio napoleónico.

La Guerra de la Independencia no fue únicamente una sucesión de batallas.

Fue una demostración de que incluso el ejército más poderoso de su tiempo podía conquistar una nación sin llegar a dominarla.