Operación Vivaldi: la ofensiva silenciosa que cambió la batalla de Lyman

Durante meses, mientras Rusia continuaba anunciando avances en el Donbás, Ucrania estaba preparando una respuesta al norte de Lyman. No se trataba de una gran ofensiva convencional acompañada de declaraciones públicas, sino de una operación desarrollada bajo un estricto silencio informativo, basada en el desgaste de la logística rusa, la desinformación, los drones y varios ataques cuidadosamente coordinados.

Cuando el mando ucraniano comenzó a revelar lo ocurrido, buena parte de la operación ya había terminado. El resultado anunciado por Kiev es considerable: 176 kilómetros cuadrados devueltos al control ucraniano, varias localidades recuperadas y una amenaza rusa sobre la retaguardia de Sloviansk y Kramatorsk temporalmente neutralizada.

Su nombre es Operación Vivaldi y, más allá del terreno reconquistado, representa uno de los éxitos operativos ucranianos más relevantes de los últimos meses.

Daños en Lyman tras un ataque ruso, 27 de mayo de 2024. Servicio Estatal de Emergencias de Ucrania, vía Wikimedia Commons. CC BY 4.0.

Lyman no es simplemente otra localidad del Donbás. Su posición la convierte en un importante nudo ferroviario y de carreteras situado al norte del principal cinturón defensivo que Ucrania conserva en la región de Donetsk.

Al sur y al oeste se encuentran Sloviansk y Kramatorsk, dos ciudades que forman el núcleo político, logístico y militar de la presencia ucraniana en la parte de Donetsk que Rusia todavía no controla. Junto con Druzhkivka y Kostiantynivka, constituyen el denominado cinturón de fortalezas del Donbás.

Rusia ya conquistó Lyman en mayo de 2022, pero Ucrania recuperó la ciudad en octubre de aquel mismo año. Desde entonces, Moscú ha intentado volver a aproximarse a ella y encontrar una vía que permita amenazar el sistema defensivo ucraniano desde el norte.

Durante 2026, las fuerzas rusas avanzaron progresivamente en esta zona y crearon un saliente al norte de Lyman. Si ese avance hubiera continuado, Rusia podría haber tratado de envolver las defensas ucranianas y alcanzar la retaguardia de Sloviansk y Kramatorsk.

Ese era precisamente el peligro que pretendía detener Vivaldi.

El 15 de septiembre, el comandante del Tercer Cuerpo de Ejército ucraniano, el general de brigada Andrii Biletskyi, reconoció públicamente que sus fuerzas estaban desarrollando una contraofensiva en el sector de Lyman.

Sin embargo, la operación llevaba aproximadamente cuatro meses en marcha.

La ausencia de grandes anuncios no fue casual. El mando ucraniano mantuvo el silencio para dificultar que Rusia comprendiera la magnitud de los movimientos, identificara el verdadero eje del ataque o trasladara reservas a tiempo.

Mientras la atención pública continuaba centrada en otros puntos del frente, Ucrania fue atacando depósitos de combustible, vehículos cisterna, centros de comunicaciones, posiciones de artillería y rutas de abastecimiento rusas. El objetivo era aislar progresivamente a las unidades situadas en el saliente y debilitar su capacidad de resistencia antes de lanzar los principales movimientos terrestres.

Según el Tercer Cuerpo de Ejército, estos ataques obligaron a Rusia a alejar parte de sus depósitos logísticos y a reorganizar el transporte de combustible. Se trata de afirmaciones ucranianas que no pueden comprobarse completamente de manera independiente, pero los avances territoriales posteriores indican que la preparación produjo efectos reales sobre las posiciones rusas.

Mapa: DeepState, reproducido por The Kyiv Independent. Situación del frente a 28 de septiembre de 2026.

El nombre de la operación hace referencia a Las cuatro estaciones de Antonio Vivaldi. Cada fase de la contraofensiva ha sido presentada como una nueva “estación”, con objetivos y métodos diferentes.

Durante la primera fase, las fuerzas ucranianas eliminaron grupos rusos que se habían infiltrado en una superficie aproximada de 75 kilómetros cuadrados. Es importante diferenciar esta cifra del territorio propiamente reconquistado: parte de la zona continuaba oficialmente bajo control ucraniano, aunque contenía posiciones y pequeños grupos rusos.

Posteriormente, Ucrania pasó de limpiar las infiltraciones a recuperar localidades y posiciones consolidadas. Entre los lugares señalados por el Gobierno ucraniano se encuentran Serednie, Shandryholove, Derylove, Ridkodub, Katerynivka y Nove, además de áreas próximas a Novoselivka, Oleksandrivka, Yarova, Drobysheve, Karpivka, Novomykhailivka y Korovii Yar.

Después de tres “estaciones”, Kiev asegura haber recuperado un total de 176 kilómetros cuadrados. El Instituto para el Estudio de la Guerra había cartografiado de manera independiente al menos 125 kilómetros cuadrados durante las primeras fases y posteriormente situó la superficie verificada alrededor de los 147 kilómetros cuadrados.

La diferencia no invalida el resultado. En una guerra marcada durante mucho tiempo por avances medidos en metros, recuperar más de un centenar de kilómetros cuadrados y varias localidades representa un éxito significativo.

El mando ucraniano ya prepara una cuarta estación, cuyos objetivos todavía no han sido revelados.

Uno de los elementos más interesantes de Vivaldi ha sido la utilización del engaño.

El Tercer Cuerpo de Ejército asegura que hizo creer a Rusia que el ataque principal se desarrollaría en una dirección diferente. Las fuerzas rusas concentraron su atención y sus reservas sobre el eje equivocado, mientras Ucrania preparaba el verdadero avance en torno a Nove y Katerynivka.

Cuando comenzó el movimiento principal, las unidades rusas no pudieron reaccionar con suficiente rapidez. Ucrania recuperó posiciones, consolidó nuevas líneas defensivas y obligó a Moscú a trasladar refuerzos desde otros sectores.

El objetivo no parece haber sido penetrar profundamente en territorio ocupado, sino desarticular el saliente ruso, recuperar posiciones dominantes y reducir la amenaza que pesaba sobre el cinturón defensivo del Donbás.

Esta combinación de secreto, engaño y objetivos limitados permitió a Ucrania evitar algunos de los errores observados en ofensivas anteriores, en las que los preparativos eran conocidos con meses de antelación y Rusia disponía de tiempo para construir sucesivas líneas defensivas.

Vivaldi también ha funcionado como un laboratorio para nuevas formas de combatir.

Ucrania empleó drones aéreos para vigilar y atacar las rutas logísticas, pero también utilizó vehículos terrestres no tripulados. Algunos fueron equipados con lanzagranadas desechables o explosivos y enviados contra posiciones rusas sin exponer directamente a soldados.

Una de las tácticas consistió en transportar pequeños vehículos terrestres mediante drones bombarderos pesados y depositarlos detrás de las posiciones enemigas. Otros blindados antiguos fueron transformados en vehículos no tripulados cargados de explosivos para atacar fortificaciones.

Las comunicaciones también resultaron fundamentales. Según el Tercer Cuerpo, su red pudo continuar funcionando incluso después de sufrir interferencias y ataques, recuperándose con mayor rapidez que los sistemas convencionales.

Vivaldi no ha sido únicamente una ofensiva de infantería. Ha combinado reconocimiento, guerra electrónica, ataques de largo alcance, robots terrestres, engaño y fuerzas mecanizadas. Es precisamente esa coordinación la que convierte la operación en algo más relevante que una simple recuperación de terreno.

El Gobierno ucraniano asegura que Rusia sufrió más de 5.000 bajas entre muertos y heridos y que aproximadamente 250 militares fueron capturados durante las tres primeras fases.

Estas cifras proceden de Ucrania y no han podido ser verificadas independientemente. Por tanto, deben presentarse como estimaciones del mando ucraniano, no como datos definitivos.

El terreno recuperado ofrece una referencia más fiable. Los mapas independientes confirman una contraofensiva considerable, la recuperación de varias localidades y la eliminación de buena parte del saliente ruso al norte de Lyman.

Incluso fuentes y comentaristas rusos próximos al Kremlin han reconocido que los avances ucranianos retrasan los planes sobre Sloviansk y complican una ofensiva desde el norte.

El éxito de Vivaldi, por tanto, no depende únicamente de las cifras comunicadas por Kiev. Su principal consecuencia ha sido obligar a Rusia a reaccionar, movilizar refuerzos y revisar un plan que hasta entonces parecía avanzar lentamente a su favor.

En el sector de Lyman, la respuesta es claramente afirmativa.

Durante Vivaldi ha sido Ucrania quien ha elegido dónde, cuándo y cómo combatir. Rusia se ha visto obligada a responder a los movimientos ucranianos, trasladar unidades y defender posiciones que anteriormente utilizaba como punto de partida para nuevos avances.

Esa es la definición práctica de recuperar la iniciativa.

Además, análisis citados por Reuters consideran que la operación ha revertido aproximadamente un año de avances rusos en esta parte del frente y ha reducido el riesgo de un ataque inmediato contra el cinturón de fortalezas de Donetsk.

Sin embargo, todavía no puede afirmarse que Ucrania haya recuperado la iniciativa estratégica en toda la guerra.

Rusia mantiene capacidad ofensiva en otros sectores, continúa lanzando ataques masivos contra ciudades e infraestructuras y conserva una ventaja importante en determinados tipos de munición y armamento. Ucrania, por su parte, sigue sufriendo problemas de personal, dificultades para sostener algunas unidades y una grave escasez de sistemas de defensa aérea.

Vivaldi demuestra que Rusia puede ser sorprendida y obligada a retroceder, pero no demuestra todavía que todo el Ejército ruso se encuentre a la defensiva.

La cuarta estación será decisiva para responder a esta pregunta.

Si Ucrania consigue consolidar el terreno, mantener la presión sobre la logística rusa y ampliar sus avances sin sufrir pérdidas desproporcionadas, Vivaldi podría convertirse en el inicio de una tendencia más amplia.

Si, por el contrario, Rusia estabiliza la línea mediante nuevas reservas y Ucrania no dispone de fuerzas suficientes para continuar, la operación quedará como un éxito local muy importante, pero limitado.

Por ahora, la conclusión más razonable es que Ucrania ha recuperado la iniciativa alrededor de Lyman y ha demostrado que aún conserva capacidad para planear operaciones complejas, ocultarlas durante meses y sorprender a un enemigo numéricamente superior.

No es todavía el comienzo confirmado de una retirada general rusa. Pero sí es una advertencia: el frente no está condenado a moverse únicamente en una dirección.

Vivaldi ha cambiado la batalla de Lyman y ha dado a Ucrania algo que necesitaba con urgencia: terreno, tiempo y la prueba de que todavía puede obligar a Rusia a reaccionar.

Fuentes consultadas

  • Presidencia de Ucrania: resultados de la Operación Vivaldi y preparación de su cuarta fase.
  • Tercer Cuerpo de Ejército de Ucrania: desarrollo, unidades y tácticas empleadas.
  • Instituto para el Estudio de la Guerra: evaluaciones del frente de Lyman.
  • Reuters: evolución del frente ucraniano y situación militar general.
  • Meduza: análisis independiente del comienzo de la operación.

Imagen: Oficina del Presidente de Ucrania — president.gov.ua. Licencia CC BY-NC-ND 4.0.